LUN: La regla de oro en la casa de una veterinaria-microbióloga: lavarse las manos después de tocar al perro

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Dice que lo más difícil de vivir en una casa son las aves silvestres y que nunca tendría como mascota a una tortuga acuática: “Tienen alta prevalencia de salmonella”.

Después de jugar con su perro Pardo, un Shih tzu de poco menos de un año, Tobías se va a lavar las manos sin chistar al baño. El niño (6) no reclama, ya es un hábito.

Su madre le inculcó esa conducta no por obsesiva, sino porque es veterinaria y especialista en bacterias. Doctora en inocuidad alimentaria y en microbiología, Andrea Moreno trabaja en la Universidad Andrés Bello investigando sobre la transmisión y control de patógenos en alimentos y animales y es la directora alterna del nuevo Núcleo Milenio para la Investigación Colaborativa en Resistencia Antimicrobiana, MICROB-R, donde estudia la interacción entre las mascotas y personas en cuanto a la resistencia bacteriana.

“Mi hijo me pedía un perrito y tuve que sacar todos mis temores. Sufrí al principio cuando cachorro porque botaba muchos parásitos. Fui dos veces al pediatra para ver si él corría riesgo y me dijeron que la probabilidad de contagio era cero porque los parásitos van a preferir al perro y tendría que tener un hábito muy sucio para que se contagiara. Le doy sagradamente sus antiparasitarios cada tres meses y sus vacunas, sobre todo acá conviviendo con la vida silvestre”, cuenta la doctora Moreno, en su casa de poco más de 100 m2 en Colina.

Hoy Pardo deambula libre por la vivienda y, pese a que lo tenía prohibido, ganó la guerra por subirse a las camas.

“Me rendí. Lo dejo subirse sólo si es encima del cubrecama, no puede pisar las sábanas. En la noche está prohibido, se acuesta a las 20 en su cojín en la cocina. No quiero que tenga contacto con las sábanas donde uno duerme porque un perro va a oler las fecas de otros perros y pasa sus patas por todos lados donde puede haber bacterias, y después pongo mi cabeza donde él estuvo caminando y me puedo contagiar de algo”, dice.

¿Qué riesgos hay cuando se tiene un perro de mascota?
-Hay hartos estudios que demuestran que, al final, los niños y dueños de mascota comparten la microbiota (conjunto de microorganismos que habita normalmente los cuerpos). Es tan estrecho el contacto que hay bacterias que se van compartiendo. No hay tantas enfermedades que se van a transmitir si uno tiene al perro con sus vacunas y control antiparasitario. Nos lavamos las manos con agua y jabón más por precaución y una rutina de higiene. El lavado reduce la carga de virus y bacterias, no queda estéril porque está mi microbiota, pero sí lo reduce. También lo hacemos cuando le damos un snack, porque en Estados Unidos han encontrado que la listeria crece en alimentos húmedos y la salmonella, que puede dar diarrea, en alimentos secos de las mascotas, por ejemplo.

¿Y si el perro no estuviera desparasitado?-Siempre hay riesgo de rabia porque si bien no hay casos en perros, si los hay en murciélagos, que pueden morder y contagiar. Los perros también tienen fuerte presencia de parásitos que producen problemas intestinales, pérdida de peso, mala absorción de nutrientes y hasta quistes.

-¿Qué mascota no tendría en su casa?
-La tortuga acuática tiene alta prevalencia de salmonella y afecta a los niños. La tiene en las fecas, en su piel, en su agua. Si alguien toca la tortuga y no se lava las manos y toca una guagua, se puede contagiar.

Lo más difícil de vivir en una casa, dice la veterinaria, son las aves silvestres. Sus bacterias quedan en las fecas o plumas y se transmiten por aire al ser humano, sobre todo niños y adultos mayores.

“Pueden causar neumonía, clamidia u otras enfermedades respiratorias. Uno no sabe dónde pusieron sus patas, si estuvieron en un basural, si son carroñeras que comieron un cadáver en el cerro. Si llegan a mi casa, se toman el agua de mi perro; mi perro toma de esa agua y después se va a mi cama. Ese es el peor escenario, pero puede pasar. Rodo está conectado. Cuando chico le decía a mi hijo que no tocara los pajaritos, pero ya estoy más relajada, no puedo vivir en contra de eso. En un departamento sería parecido porque pueden llegar las palomas”, dice.

Hace poco se dio cuenta de que las lámparas de mimbre que tiene colgadas en su terraza se transformaron en nido de los pájaros.

“Las enfermedades que transmiten no son tan frecuentes, pero hay una probabilidad. Son los típicos casos que reportan los que fumigan los techos y respiran esa contaminación. Al final me da lata pedir que siempre limpien las lámparas, creo que en algún momento las voy a sacar o cortar” detalla.

¿Y si al perro le gusta callejear?

Da lo mismo si es con agua caliente o fría, los inmunólogos y veterinarios recomiendan lavarse las manos después de cada contacto con la mascota aunque esté desparasitada.

“Uno sin darse cuenta puede pasar la mano por accidente por su boca o fecas y llevarla a la boca, lo que nos puede producir problemas intestinales. Las que más deben tener precaución son las personas con defensas bajas, niños menores de cinco años y embarazadas”, detalla Gonzalo Donoso, médico veterinario, especialista en salud animal y dueño de la tienda American Pet & Outlet.

Advierte que si el perro es bueno para callejear, se relaciona con otros sin vacunas o pasea por lugares sucios, puede contagiar Echerinchacoli incluso por la saliva.

Coincide la inmunóloga que se está perfeccionando en el Montefiore Hospital en Nueva York: “las mascotas poseen muchos beneficios para la salud de las personas; disminuyen la presión arterial, el colesterol, la depresión e incluso se ha visto casos que podrían disminuir las alergias. Sin embargo, pueden contagiarnos incluso cuando aparentan estar sanos”.

Afirma que el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos remienda lavarse las manos después de haber tocado, alimentado o limpiado a las mascotas para matar los gérmenes. “Debe ser con agua fría o caliente y jabón, pero puede sustituirse por alcohol gel”, comenta.

La doctora Annette Trombert, microbióloga y directora de la Escuela de Biotecnología de la U. Mayor, se suma al consejo y dice que un perro sin controles al día puede contagiar de rabia, sarna, tiña y otras infecciones.

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